
UN REPLANTEAMIENTO PENDIENTE
“Eres esa angustia constante, mi temor de cada día, soledad comprendida desde lejos…para qué?”… esa es la pregunta.
11 de Septiembre de 2001 y un gran atentado sacude a los Estados Unidos de Norte América, suceso que condiciona la incertidumbre y el caos en la era del conocimiento. Un mundo con pocos valores, desamparo, tragedias, y amor; ¿amor?… si, mucho amor. No nos bastaron los sucesos del siglo pasado para darnos cuenta de lo que realmente no debemos hacer, entonces: ¿es necesario seguir en lo mismo para poder comprender y aprender?, el film “Babel” nos plantea esta pregunta.
Un guión, que con demasiado detalle bien formulado dentro de la continuidad, nos presenta una serie de sucesos postmodernos en forma de cadena, que con sus interpretaciones nos muestra una sociedad global realmente agobiada, y más aun con acontecimientos fortuitos, como si lo simple nos pudiese llevar al conflicto más agudo. Es impresionante como culturas tan distintas pueden desarrollar acontecimientos similares en torno a una misma situación en función de una especie de efecto domino. Las relaciones interpersonales son cruciales en las cuatro historias, donde la palabra comunicación recae imperantemente dentro de los personajes, que por el lenguaje encuentran un problema no menor de superar. Es como que ese viejo paradigma de la causa y efecto fuese el protagonista del film, pero que por lo complejo de las experiencias retratadas, nos da a entender que de ese paradigma poco ya queda. Es inviable pensar que de un solo suceso se desencadenen tantos conflictos, pero que adentrándose en el pensamiento complejo nos podemos dar cuenta que hay muchas mas razones para las cuatro historias de “Babel”. En ellas se nos presenta a una pareja en discordia, sin capacidad de perdón, y que por el suceso producido en el bus, se ven en la obligación de poder superar las trabas, aflorando esa confianza y amor que parecían perdidas; también se plantea a una mujer mexicana demasiado buena, pero que por cosas de la vida, llega al caos por una irresponsabilidad “piadosa”, como si la propia vida nos forzase al error; ese error adolescente enfrascado contra el pasado, con el mundo entregado, demasiado triste para una “niña” sordomuda, huérfana y sin padre presente; padre que desencadena por un simple rifle regalado a un marroquí, sumado la ingenuidad infantil, una relación de solidaridad con un pueblo de poca confianza por parte de turistas… las apariencias engañan. El film nos recuerda nuestro presente histórico, presente que nos tiene día y noche con un nudo en la garganta, casi incapaz de ser desatado; pareciera que estamos condenados al resentimiento diario, producido por todos, no por algunos. Son nuestros paradigmas y valores que están en un cambio demasiado acelerado, gracias a un pasado lleno de opresión e injusticia, entonces: ¿Qué culpa tiene mi generación en todo esto?; ninguna, pero por Dios que tiene desafíos ante esto, pero…como?; ¿Qué se le puede pedir a la joven nipona en su actuar?; absolutamente nada, el mundo ya le fue entregado así; pareciera que los limites hoy se los impone uno mismo. Se nos pide cambiar el mundo, todos criticamos, pero que hacemos para ello, no es una tarea de pocos, sino que de todos, porque esos pocos no pueden nadar contra un destino forjado por terceros, porque el drama de la mexicana con los niños era casi inevitable, pues, trató de ser responsable pero sufrió los embates de que lo correcto-moral ya no tiene cabida en este siglo. La moral paso de ser algo subjetivo a algo demasiado subjetivo, tan subjetivo (valga redundar) que los matrimonios duran un carajo, personas incapaces de respetarse, tal cual como los turistas americanos en Marruecos, pareja que se vio en la necesidad de volver a esos sentimientos iniciales llenos de confianza y afecto. Esta cinta nos brinda una gran oportunidad de replantearnos como seres sociales, como sinergia capaz de forjar un final con valores, tal como lo muestra el film, enfatizando en todas nuestras herramientas comunicaciónales para desarrollar el respeto y el amor, si, mucho amor.
